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Entrevista en El País Semanal
30 de Noviembre de 2003
Texto de Juan Cruz
Fotos de Jordi Socías
A punto de cumplir 60 años, Serrat, cuatro décadas en activo y 400 canciones grabadas, disfruta de la serenidad de la madurez con la sabiduría del poeta que ha vivido a tope.
La serenidad de la vida
Disfruta de la vida. Cuando le entrevistamos, un viernes a mediodía en un despacho muy luminoso del Círculo de Bellas Artes, en Madrid, va cargado de bolsas con regalos para sus nietas, y es que el 27 de diciembre de 2003 tendrá 60 años... Ya no sólo le mira todo el mundo, sino que también le miran las hijas de sus hijos... Le divierte la situación: él, que jamás fue a las fiestas de cumpleaños de sus hijos, ahora irá, esta misma tarde, a la fiesta de cumpleaños de sus nietas, para encontrarse allí con madres y con padres que acaso, y esto no lo dice él, se han enamorado escuchando su música y sus poemas. Llega media hora antes a la entrevista, y se entretiene esperando en la librería Antonio Machado, buscando libros de Quevedo y textos en los que se hable de los vicios capitales. Ahí le vemos, con sus piernas arqueadas de delantero centro, en medio de las estantería riendo. Al sentarse para hablar, Jordi Socías le pide que, para las fotografías, se suba el jersey negro con el que se cubre del frío seco de esta ciudad en la que acaba de terminar la grabación de su último disco, su ya famosa experiencia sinfónica. Y cuando ya sólo se queda libre su cara, este Serrat que conocimos desde hace tantos años adquiere la fisonomía del Joan Manuel Serrat que ha alentado durante cuatro décadas y 400 canciones una manera de ver la vida que alguna vez (¿alguna vez?, ¡muchísimas veces!) ha sido la manera de ver la vida de miles y miles y miles de personas en España y en América Latina. Tenerle enfrente es, pues, tener enfrente a alguien que susurró lo que quisimos cuando más nos hizo falta. Dice que el suyo es el ciclo de la uva: prefiere el sol al otoño, se resguarda del frío y del hielo viajando, y América fue su esperanza y hoy es su pasión. Él sonríe, sonríe siempre, excepto cuando no sonríe, y cuando no sonríe aparece en su mirada el gesto inequívoco de un niño despojado; no hay nada más amado “que lo que perdí", y en el centro de esas pérdidas está la de la madre, cuya historia sencilla, pero dramática, parece simbolizar el tiempo más triste de la vida española del último siglo. Pero él hoy está feliz, puede ser un gran día, puede serlo siempre, y no lo será por lo solemne, sino por las pequeñas cosas de las que está hecha la vida y que él se dispone a disfrutar como si no hubiera pasado mañana. Cuando sonríe revela que hay un adolescente aún en su alegría. La última vez que le vimos estaba a nuestro lado, en el tanatorio de Collserola, cuando se producían las exequias de Manuel Vázquez Montalbán, su amigo. Serrat lloraba. Por esa imagen de la pérdida comienza la conversación.
Lloraba usted en el entierro de Manuel Vázquez Montalbán.
Es una forma de desahogo. El llanto no deja de ser una forma de vaciar la angustia, de descargarte. La angustia estaba antes que el llanto, la sensación de orfandad; estás perdiendo una referencia, un amigo. Es verdad que no va a estar más entre nosotros... Ana [Sellés, la viuda de Vázquez Montalbán] decía allí que nos teníamos que acostumbrar a vivir sin él... Todo eso provoca una sensación de vacío y de angustia que el llanto se ocupa de soltar... Y cuando un amigo se muere, nos morimos con él un poco, sin duda.
Ahora cumple usted 60 años. ¿Qué reflexión le trae el paso del tiempo, la edad?
No dejo de sorprenderme cuando me recuerdan que voy a cumplir esos años. Y me sorprendo por el paso rápido del tiempo, la manera en que todo ha ido ocurriendo... El camino me ha servido para aprender cosas, faltaría más; hubiera sido una tragedia que no hubiera aprendido. El discurrir del tiempo te deteriora, pero es un deterioro del que vas sacando un aprendizaje. Tampoco sé si este aprendizaje es muy útil, porque siempre te llega un poco más tarde de cuando te hubiera hecho falta. Uno aprende a ser padre cuando ya es abuelo... La experiencia es un peine que te dan cuando ya no tienes pelo... Sin embargo, yo me miro y me digo: ¿qué esperas para hacerte mayor?
La edad, el camino, los golpes que da la vida... Ésos han sido símbolos constantes en sus canciones...
Quizá he hablado más de la edad en general, y del tiempo y del camino, en mis años más jóvenes... Habría que preguntarle a aquel que fui...
“A veces ocurre que las cosas por las que me muevo coinciden con las cosas que conmueven a mucha gente”
"Aquel que fui"; ¿quién era?
De alguna manera es el que soy. Aspiro a haber sido capaz de conservar aquel que fui, lo que aprendí en mi casa... La riqueza mayor que he podido acarrear es lo que mis padres me enseñaron, con su ejemplo, con su actitud, con su manera de entender las cosas. Y de separarlas. He tenido la suerte de tener buenos maestros y de haber complementado lo que he asimilado con todo aquello que me ha ido ocurriendo. Y no me puedo quejar de los amigos que la vida me ha dado. Pero uno es un árbol del que van colgando y descolgándose cosas en el camino... Me han tocado años en los que han ocurrido muchas cosas. Parecía que la realidad se iba a acercar a nuestros sueños mucho más de lo que ha ocurrido; pero, en fin, algo ha ocurrido...
Usted mismo ahora es una referencia...
Yo nunca he tenido la pretensión de serlo. No explico otra cosa que mi punto de vista, y aspiro a que este punto de vista sea respetado. No pretendo otra cosa. Pero a veces ocurre que las cosas por las que me muevo, las cosas que me empujan, coinciden con las cosas que conmueven, empujan y hacen que funcione mucha gente...
¿Qué le conmueve hoy?
¡Hostia! Creo que limitar la conmoción a una serie de cosas me preocuparía mucho... Me preocupa todo lo que conozco, e incluso lo que ignoro, así que me conmueve casi todo en mayor o menor grado.
Lo cierto es que usted ha vivido un periodo muy complicado en España y en el mundo...
Pero también un periodo muy rico. Nos ha tocado vivir una época muy oscura de la historia de España, pero también nos ha tocado ver cómo los muros del silencio se derrumbaban y la luz entraba nuevamente... Y nos está tocando ver cómo aquellos tiempos pasados que creíamos que ya formaban parte de la historia de la España negra, olvidada, vuelven a presentarse constantemente, y se manifiestan vestidos con otros hábitos; han cambiado los uniformes por el traje y la corbata, pero están ahí constantemente... Creo que hemos vivido y estamos viviendo un tiempo apasionante; es más, yo creo que la vida es siempre apasionante... El hecho de despertarte y de ver que hay luz, y que hay aire y respiras y funcionas, y que con mayor o menor dificultad el cuerpo se pone en movimiento y se sobrepone a la dureza de los periódicos de la mañana y de cada día, y sigue uno empujado por ilusiones..., pues vale la pena, qué quieres que te diga... Yo no creo en eso de que cualquier tiempo pasado fue peor, exceptuando, claro, algunos años que realmente sí que fue mejor... Creo que los años de la ilusión son los mejores, y este país vivió un tiempo magnífico; la gente participó realmente en un cambio, y eso pasó en este país desde los ochenta hasta principios de los noventa, cuando España pasó a ser parte de Europa, como miembro de pleno derecho.
¿Y ahora qué pasa?
Parafraseando la canción de Antonio Molina, yo diría que el presente es muy oscuro trabajando en el carbón. El presente es muy oscuro.
Muchos uniformes...
Sí, ahora hay uniformes con corbata rosa... Pero confío en la gente, tengo la convicción de que la gente se sabrá organizar; como en un hormiguero. Tú pisas un hormiguero y en un momento montas un cristo... En fin, deja pasar el tiempo y verás cómo la gente se organiza. Es cierto que no estamos viviendo un tiempo más ilusionante en ningún sentido; las libertades no están ahí para quedarse, hay que luchar por ellas, nos las irán arrebatando si no nos damos cuenta de que cuesta ganarlas y conservarlas... No es muy tranquilizador vivir en un tiempo en el que políticamente la descalificación se impone al diálogo, en el que el exabrupto tiene más poder que el pensamiento y en el que la voluntad popular se ve vendida por traiciones y mangoneos consentidos por una clase política que se autoproclama democrática y tiene comportamientos muy poco democráticos...
Decía el filósofo Emilio Lledó que vivimos un tiempo enfermo...
Probablemente. Pero los enfermos vienen de otro estado de salud, y es de esperar que con un buen tratamiento la enfermedad sea superable y que volvamos a la salud... Estamos, en todo caso, pasando un tiempo que empuja muy poco al entusiasmo.
¿De dónde vendría el tratamiento?
De la confianza en unos dirigentes que entendieran lo que está ocurriendo y fueran capaces de ponerse al frente... Cuando oyes que hay un pasotismo general habría que recordar las manifestaciones contra la guerra contra Irak o contra lo que supuso el Prestige, cuando la gente salió a la calle espontáneamente... Aquí hay una enorme responsabilidad del liderazgo de la oposición para reconducir este camino por el que va la gente...
Antonio Muñoz Molina dice que cuando le empezó a escuchar su propia generación supo enseguida que "era de los nuestros"... Qué significaba entonces ser ‘uno de los nuestros'?
Esto quizá tendrías que preguntárselo a Muñoz Molina... Bueno, yo creo que uno de los nuestros tenía que ver con quiénes eran ellos: el séquito del dictador, que era muy grande... Los nuestros era lo que estaba enfrente. Lo que ocurre es que tampoco había tantos de los nuestros. Yo creo que una de las cosas que mejor desenmascararon la tiranía fue la rapidez con la que toda la corte de lameculos y vividores del régimen se reconvirtió al proceso democrático.
De esa época son sus canciones más bellas y autobiográficas... ¿Cómo vivía usted, cómo vivía su entorno?
Éramos jóvenes, no teníamos otras responsabilidades que nosotros mismos. Ahora tienes hijos, la vida te va liando. En aquellos momentos no caminábamos, volábamos, y eso te da como un convencimiento de inmortalidad, te llenas de euforia... Es una de las cosas maravillosas que tiene la juventud...
“Con 'Cançó de bressol' traté de darle un beso a mi madre, esa mujer que seguía soñando con su pueblo”
La infancia que usted cuenta es la de mucha gente... "Por la mañana, rocío; al mediodía, calor; por la tarde, los mosquitos; no quiero ser labrador". Había una voluntad de cambio en el joven poeta que se enfrenta a la experiencia de los padres...
Lo único que quería era hacerle un homenaje a mi madre, a la tragedia de una mujer que vive toda su vida caminando, y toda su vida la pasa mirando hacia atrás... Nace en un pueblo de Aragón, en Belchite; se muere el novio antes de la boda; sale del pueblo para trabajar en Barcelona; estalla la guerra cuando está en Barcelona; fusilan a su padre y a su madre; treinta miembros de su familia son ejecutados, asesinados en el pueblo; ella se dedica durante la guerra a recoger niños y a viajar con ellos por toda España, de arriba abajo; vuelve a Barcelona; se casa con mi padre; vive la tragedia de todos los años de la posguerra, la escasez, el miedo, la persecución...; mi padre había salido de un campo de concentración, y en fin, tiene un hijo en el que fija absolutamente todas sus esperanzas, espera superar con él toda una vida de tragedias y de decepciones... Para ella, resulta que el hijo es un buen estudiante, pero que se busca complicaciones en el franquismo... Con esa canción, Cançó de bressol, traté de darle un beso a esa mujer que, a pesar de todo lo que había ocurrido, seguía soñando con su pueblo. Acaso no hacemos otra cosa que soñar con la niñez, que debe ser el único tiempo feliz de nuestra vida...
¿El único?
Sí, completamente feliz no hay ningún otro. Yo quiero la niñez como el tiempo de la felicidad, de la luz, del descubrimiento. Luego, en la vida, la felicidad me ha ido salpicando, soltando las migajas que suele soltar. Las he ido a pillar al aire y aprovecharlas. Estoy muy agradecido a la vida. Pero el tiempo de la luz, del verano, de la fruta, ése es el tiempo de la niñez.
De hecho, el propio Muñoz Molina dice que en sus canciones hay "la promesa de felicidad"...
Por eso a lo mejor se llega a esta promesa de felicidad tratando de pasar por la vida y llegar a la vejez estando en esto de ser adulto el menor tiempo posible...
¿Y ahora qué es la felicidad, si antes fue la fruta?
Sigue siéndolo. Cada vez que me reencuentro con el melocotón, cada vez que me reencuentro con la playa, con una acequia, o cuando me voy a pescar, una terapia maravillosa, un momento en el que el pensamiento va de otra manera..., se vuelve a ese tiempo de la niñez, cuando mi padre me enseñaba a poner el gusano en el anzuelo...
¿Cómo era su padre?
Era un buen hombre, muy bueno. Era muy mañoso, no entiendo cómo de un padre tan mañoso hemos salido tres hijos tan sumamente torpes... Mi padre era extraordinario. Era capaz de fabricar todo lo que había en la casa. Ponía los ladrillos, alicataba los baños, hacía neveras. Las neveras las diseñaba él mismo, con madera; las rellenaba de aislante, las alicataba por dentro, hacía las bandejas, construía el lugar donde meter el hielo, y tenía un mecanismo de depósito que se vaciaba desde atrás abriendo una llave .... Era un hombre sabio. Mi padre sabía por qué nacían las cosas. ¡Sabía por qué se encendía la luz!
¿De dónde le viene la música?
Ni idea. Mi madre hacía las camas cantando y soñaba con ser bailarina. La primera vez que fue a ver un ballet me equivoqué y la llevé al Liceo a ver la ópera china, que era cualquier cosa menos un ballet. Aquella mujer de Aragón me miraba como diciéndome: ¡pero dónde coño me has metido! Ella soñaba con ser bailarina; pero no soñaba a los cinco años, a los treinta y tantos seguía soñando con ser bailarina. Y te lo contaba..., con la misma naturalidad con que doblaba un pijama te contaba que seguía queriendo ser una bailarina...
Le vieron llegar al éxito.
Sí, lo disfrutaron. Tuve la suerte de cumplir. Manolo Vázquez decía que los que habíamos sido pobres teníamos que cumplir; teníamos la obligación de comprarles un piso a los padres, retirarlos, y yo pude hacerlo. Yo les pude comprar un piso con sol y retirarlos.
El barrio es una constante de sus canciones autobiográficas
Era el espacio vital. Jugábamos en la calle, nos educábamos en la calle. Aprendíamos aquellas cosas que en la escuela no te enseñaban y en tu casa no te contaban. La calle era el gran informador. Todo era un mundo clandestino, desde la primera experiencia erótica hasta el primer cigarrillo... Un mundo maravilloso. El barrio es ahora un decorado maltratado. El Ayuntamiento ha pasado las máquinas, me han destruido las referencias... Todo está muy bonito, muy ordenado, me alegro por ellos, pero lo siento por la memoria de mi niñez que no puede recrearse... Pero el barrio, al menos una vez al año, se recupera cuando nos juntamos todos los chicos de mi edad; los supervivientes de aquella niñez nos sentamos a cenar para contarnos las mismas cosas, para reírnos de las mismas cosas...
“A unos les parezco separatista porque canto en catalán, para otros soy un vendido a Madrid por hacerlo en castellano”
¿Hay un momento en que nace el poeta Serrat?
Pasé toda una época en que cantaba sin pensar que iba a ser un profesional. Y empecé a escribir canciones porque me gustaba cantar. Y llegué a cantar porque me gustaba escribir... Teníamos un grupo de rock, un conjunto que cantaba cosas dispares, desde canciones francesas hasta cosas de los Beatles... De pequeño nunca dije: quiero ser cantante. No creo en los vocacionales, los que dicen: siempre quise ser astronauta. Me gustaba cantar, me lo pasaba bien cuando mi padre me pedía en Navidad que pusiera el pie sobre la silla y cantara La Zarzamora. Pero nunca imaginé que sería un profesional. Lo decidió el profesor de zoología, que me obligaba a ir a clase sabiendo que yo trabajaba ya en un centro de investigación de Jaca y no podía ir a trabajar y a examinarme los mismos días... Ya había grabado Cançó de matinada, así que me dije: voy a dedicarme a esto, a ver qué pasa. Empecé a descubrir el oficio, y a quererlo.
El éxito llegó enseguida. ¿Cómo lo recibió?
Con satisfacción. Me ayudaba a conseguir unos objetivos inmediatos: me permitía contribuir a la economía familiar de una manera más eficaz, y me halagaba. Y me acercaba a las muchachas. El éxito me dio una facilidad para poder desarrollar lo que hasta entonces quedaba limitado al mundo de mi instinto. Y esto es algo muy serio, el que lo tome a broma se está equivocando: es algo muy importante, basta con que quien lo dude se mire al espejo.
Le permitía ligar.
La música facilita el acercamiento.
Se convirtió rápidamente en un emblema, acaso por el contexto político en el que comenzó a cantar...
Tampoco me hubiera metido a cantar si en aquel tiempo no hubiera tenido unas connotaciones políticas claras. Con independencia de que las canciones fueran o no de combate, el mismo hecho de cantar en catalán era un acto de desobediencia a la doctrina oficial... Estaban Raimon, Setze Jutges..., eso me marcó unos caminos. Probablemente, si no hubiera habido ese contexto, todo se hubiera diluido... Seguí con la guitarra a cuestas porque yo escribía canciones y había otra gente que también las escribía y yo las compartía..., ése fue el motor que me llevó a esto.
¿Cómo recuerda el efecto que tuvo su decisión de cantar en castellano?
Sabía que iba a traerme complicaciones. En esta vida es mejor enfrentar las cosas; si haces las cosas sólo en función de lo que vayan a pensar los otros, uno acaba arrepintiéndose. Pensé que podía cantar en castellano; mi enemigo era el fascismo, no el castellano. Para mí era algo complementario. Sabía que había gente a la que eso no le iba a gustar, pero si lo hacías escapabas al control de una capillita controlable y te convertías en una persona autónoma. Durante años he tenido que soportar, y quién sabe si todavía ocurre, que haya gente que le parezca separatista porque canto en catalán y otra gente que le parezca que soy un vendido a Madrid porque canto en castellano.
A Raimon le gritaron en Las Ventas...
¿Pero quiénes, en qué marco? A Raimon le aclamaron en la Universidad Complutense de Madrid en los años sesenta, cuando este país era mucho más radical en esto... Hay que saber quiénes son los que mantienen estas actitudes. Raimon sabe perfectamente que no fue la gente de Madrid la que le silbó, y todos sabemos de parte de quiénes estaban los que le abuchearon...
En medio de su decisión de cantar en castellano y los estertores del franquismo hubo la anécdota del `La, la, la', cuando usted quiso cantarla en catalán en Eurovisión, y finalmente la cantó Massiel en castellano...
No fue una anécdota, fue algo muy duro... Bastaba que dijeras: o canto en catalán, o no canto, para que automáticamente fueras condenado y se estableciera contra ti un auto de fe. Te esperaba la hoguera. De hecho, en varios lugares del Estado español fueron quemados mis discos, y en algunas emisoras oficiales los inutilizaron con cinta adhesiva... Estuve seis años sin aparecer en TVE, y durante bastante tiempo hubo sobre mis actuaciones la amenaza cierta del boicoteo. Fue una época dura. Pero la vida es muy curiosa. De esta situación tremenda surgieron mis viajes a América y el descubrimiento de un mundo que para mí ha sido fundamental.
Un descubrimiento.
Llegué a América en 1969, cuando en México está reciente la matanza de Tlatelolco, en Argentina acaba de suceder el cordobazo, en Chile está a punto de producirse el triunfo de la Unidad Popular de Allende... América era un hervidero de cosas... Me interesa mucho lo que ocurre, y mis canciones tienen mucho éxito... Allí me quedé seis meses, y se produce una implicación que me llega muy hondo, porque enseguida se empiezan a producir allí cosas muy dolorosas que me hacen pasar de ser una persona maltratada, o mal vista, en España, a exiliado en muchos sitios de la propia América...
“A mí me ha hecho latinoamericano el interés, el conocimiento y el cariño. Todo seguido. Te quedas enganchado”
Eso es lo que le ha hecho latinoamericano de Barcelona...
A mí me ha hecho latinoamericano el interés, el conocimiento y el cariño, todo seguido. Te quedas enganchado.
Chile.
Una historia muy amarga que todavía colea... En 1990 tocamos en homenaje a Allende en el estadio Nacional, y allí proyectamos las primeras imágenes del asalto a La Moneda que se veían en público... La represión fue tan horrorosa que el ciudadano no tenía ningún conocimiento de quién fue Pinochet. El exilio había arrastrado consigo gran parte de la información y el terror había capturado gran parte de la memoria.
Cuba. ¿Cuál es su reflexión ahora respecto a Cuba?
Rosa Luxemburgo, nada dudosa en este sentido, decía: "Estoy dispuesta a dar mi vida para que aquel que no piensa como yo pueda manifestarlo públicamente". No existe ninguna otra forma de libertad ciudadana que no sea la de permitir al prójimo que exprese su opinión. Independientemente de que podamos hablar acerca de la Ley Helms-Burton y de la torpe, cruel política de Estados Unidos con respecto a Cuba... Y puedo tomar un texto de Pablo Milanés, que tampoco es dudoso: la vida no vale nada si no es para merecer que otros puedan tener lo que uno disfruta y ama.
Cuba es una asignatura pendiente de su generación y de las siguientes...
No, es una reflexión que no separaría de las reflexiones a la que nos obliga la situación de países como Honduras, o Guatemala, o Costa Rica...
Decía que la felicidad era la infancia, pero en sus propias canciones se declara que luego la vida empieza a actuar golpe a golpe...
No quiere eso decir que el resto de la vida sea infelicidad..., hay que asumirlo... Si viene el dolor es que también existe lo otro. Es imposible dolerse de algo si uno no ama algo, si algo no le satisface. La luz, la oscuridad; la vida, la muerte.
Algunos versos, suyos y ajenos, pero de sus canciones... "Todo pasa y todo queda".
Pero lo nuestro es pasar .... Lo dijo el maestro... Incluso Julio Iglesias lo ha dicho... Y qué sé yo lo que va a quedar, no me preocupa lo que vaya a quedar. Los cedazos se ocupan de separar el grano de la paja.
"El sur también existe".
Con las llaves del reino, el norte es el que ordena; pero aquí abajo, cerca de las raíces, hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven para que todos sepan que el sur también existe... ¡Ojo, todo es de Benedetti, el maestro!
"No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí".
El rayo que no cesa, el grifo que no para de gotear. El hurto que la muerte hace constantemente de las cosas que hacen que el estar vivo ya sea algo justificado.
"M'en vaig a peu" ["Me voy a pie"].
Y salir pitando. Y salir lo más rápido posible.
"A quien corresponda".
Cuántas instancias podríamos hacer... Si tuviera que hacer una en estos momentos pediría buen juicio, criterio, imponer la razón a las conveniencias personales. Que respondan por lo que dicen que son y colaboren a que en este país la crispación se sustituya por la tolerancia, y el desprecio, por la conversación...
"Si la muerte pisa mi huerto".
Señora, discúlpeme que no me levante...
"Qué va a ser de ti".
Pues espero poder gozar, conservar la ilusión, que la salud me acompañe, que la gente siga soportándome para poder hacer un oficio que me gusta, y que si me falla cualquiera de esas tres cosas -goce, ilusión, salud- no podré hacer...
"Manuel".
A mí toda la vida me habían dicho Joan Manel, pero un día me dijeron: se pone Manuel. Y yo hice como el poeta Joan Brossa: le preguntó la policía por su oficio y el burócrata le entendió paleta [albañil], y dejó que lo pusieran así... Es la primera canción que escribí en castellano... Se llamaba Manuel por mi abuelo... El otro día estuve apuntando cosas de la leyenda familiar. Quiero transmitir a mis hijos y a mis nietos, y a los que vengan detrás, lo que hubo antes, para que no tengan el vacío que yo tengo en tantas cosas... Si les interesa... Y estuve hablando con mi prima María Pilar de estas cosas, y me dijo: "Tu abuelo no existe". ¿Cómo que no existe? "La partida de nacimiento, de bautismo y de matrimonio de tu abuelo no existen, fueron quemadas cuando le pegaron fuego a la iglesia del pueblo". Por tanto, mi abuelo, ni nació, ni se casó, y además, como le fusilaron y nadie reclamó el cadáver, la familia tenía bastante con sobrevivir y proteger su propia vida, y nadie reclamó su partida de defunción, pues tampoco ha muerto. Ni nació, ni se casó, ni está muerto. Suerte que tengo una foto.
Qué historia terrible.
No, terrible no, está en la memoria. ¡A los papeles que le den por saco!
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