22 de septiembre de 1998

«Una canción no está completa hasta que alguien la hace suya»

Joan Manuel Serrat presentó ayer su disco «Sombras de la China», con el que rompe cuatro años de silencio

SILVIA GRIJALBA
Madrid


    Como un guiño lleno de intenciones, con toda la complicidad que dan los años de roce, Joan Manuel Serrat vuelve a visitarnos. Cuatro años de separación no son demasiados -y más teniendo en cuenta que por medio ha habido un disco homenaje en el que la nueva generación de músicos recreaba sus temas de siempre- cuando la relación ha sido muy estrecha... y con Serrat las cosas son casi siempre así: cercanas, cálidas, como ese primo enrollado que viene y va y que siempre tiene algo nuevo e interesante que contar.

    Impecable y sobriamente vestido (desde hace algunos años Serrat cuida con un clasicismo sorprendente su indumentaria), rodeado de focos, prensa y amigos, llegó ayer Serrat a la sede madrileña de la Sociedad de Autores para dar fe de que mantiene su vena creativa y presentar Sombras de la China, un nuevo disco en el que continúa la línea íntima y esa capacidad para analizar lo cotidano desde ángulos inusitados que le ha hecho ganarse la complicidad de varias generaciones de españoles.

    Y es que el caso de Serrat es toda una excepción dentro de la música española; él es uno de los pocos artistas a los que se les reconoce el mérito cuando aún están en activo (y vivos).

    Reconocimiento

    El mencionado disco de homenaje y un premio de la SGAE por toda su carrera podrían hacer pensar en que el artista catalán padecía alguna enfermedad terminal o tenía próxima su retirada, pero Sombras de la China es para algunos de los que ayer se encontraban en la presentación -a la que acudieron caras famosas como Leguina, Carmen Alborch, Alberto Cortez o Iñaki Gabilondo, que presentó el acto- uno de los discos más inspirados y posiblemente más tiernos de este artista con 35 años de oficio. Él no está del todo de acuerdo y piensa que todo se debe a la experiencia de la edad. «Con el paso de los años», comenta, «te sientes más libre, eres más tolerante y puedes arriesgar, porque te preocupa menos lo que los demás puedan pensar de ti y, al final, esto se traduce en que te dedicas más a hacer lo que te gusta».

    En Sombras de la China hay sitio para guiños que gustarán a sus seguidores de siempre y alguna referencia política (ayer, en concreto, se pronunció respecto a la tregua de ETA diciendo que hay que vivir este momento con ilusión). Canciones como Princesa, en la que (como bien apunta Joan Barril) se muestra cómo los personajes de Serrat van creciendo a medida que pasan los años y la madre que se ve reflejada en su hija artista en Princesa podría ser la novia de la que había pedido la mano a la Señora de la mítica canción. Una vieja canción es otro de los temas en los que Serrat hurga en la complicidad de sus oyentes; un poema en el que demuestra cómo él, además de cantante, es espectador.

    Quizá esa pasión musical sea la que empuja a este artista que prepara una gira de 70 conciertos (que comenzó el día 18 en Cáceres y anteayer le llevó a Móstoles) a continuar en activo. «Escribir canciones», comenta, «es mi forma de expresarme y es parte de eso que llaman el oficio. Pero también está ese ir de un sitio a otro mostrando el trabajo. El estudio tiene grandes posibilidades de investigación, pero lo que me gusta es el escenario: esa es una de las cosas fundamentales que me animan a seguir».

    Aunque la composición y la poesía son trabajos solitarios que a Serrat le apasionan, los amigos son otro de los vicios de este artista que está a punto de volver a actuar por Latinoamérica -«si no», declara, «me sentiría manco y cojo»- después de haber estado por allí y por toda España de gira con sus amigos de El gusto es nuestro (Miguel Ríos, Víctor y Ana). En Sombras de la China colaboran músicos como Carlos Nuñez, Tino di Geraldo, Rubén Juárez y los cantaores Ginesa Ortega y Moraito de Jerez, otros nombres que han ayudado a completar una serie de canciones -«con vida propia cada una», explica, «este no es un disco conceptual»- que aún, con el disco recién editado, no están del todo completas.

    «Los temas», comenta, «tienen que crecer, que madurar y hay que dejarlos volar. Las canciones crecen y maduran en la medida que la gente las deja. Una canción no está completa hasta que alguien la escucha, la hace suya y forma parte de su historia».

    Historias para pasar una vida que Serrat (el cual ayer reconoció que no cree que vaya a introducirse en el mercado anglosajón, «no es que no me interese», explica, «es que creo que yo no les intereso a ellos») ha desglosado como viejos cuentos narrados por una voz que ya forma parte memoria colectiva de un par de generaciones.


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