El periodista ha tenido ocasión de entrevistar/conocer a Dylan, Davies, Reed, Bowie, Jagger, Morrison, Berry. Es decir, a algunos de los mayores talentos (y más grandes hijoputas) de la música del siglo XX. Pero atención, el periodista sólo se puso nervioso, sólo tartamudeó cuando una noche recibió por sorpresa una llamada de Joan Manuel Serrat.
¿Razones para ese acojone? Aparte de su descomunal talento artístico, el Nano es historia viva de España y América Latina, exiliado por sus opiniones, un paso al frente cuando hubo que cantar las cuarenta a las tiranías. Sus canciones popularizaron poetas, marcaron vidas, incluso bautizaron a niños y niñas (saluda, Penélope Cruz). Además que no salga de aquí, sospecho que Serrat puede ser tan agrio como esos monstruos: he visto escenas suyas entre bambalinas, poniendo a parir a una presentadora por haber cometido el error de intentar disculparle con un "Joan Manuel está cansado y no puede hacer más bises". También tiene fama de extremadamente cauto en cuestiones económicas y, se me ocurre, al borde de los 57 años, tal vez no le apetezca hacer una entrevista atípica, donde se evoquen pecados más o menos juveniles.
Nada hay que temer hoy. Hemos quedado en las espaciosas oficinas de la SGAE en Barcelona y Serrat se muestra igualmente abierto y cordial, aunque reaccione como navaja automática -sin perder la sonrisa, cierto- cuando no coincide con algo dicho por el periodista. Pongámosle a prueba...
Joan Manuel, esto se va a publicar en ROLLING STONE. ¿Qué tal si hablamos de la Santa Triada de la revista, "sexo, drogas y rock and roll"?
Perfecto, ¡las tres cosas me gustan!
Siempre tuve curiosidad por aquel conjunto tuyo de mediados de los sesenta, ¿Podríamos decir que era un conjunto de rock?
Era la formación clásica, dos guitarras, bajo y batería. Pero el repertorio tiraba hacia lo soft. Junto a temas primerizos de los Beatles, estaban los últimos hits de Paul Anka, el slow rock italiano y cosas francesas. Mi éxito era el "Ma vie", de Alain Barriére.
Asi que actuábais en público...
No era difícil, en Barcelona tal vez había cien locales perfectamente montados que ofrecían música en directo para que los clientes bailaran. Ya existían las discotecas pero los empresarios, sobre todo en los barrios, contrataban a grupos y orquestas. Nosotros éramos sumamente baratos, teníamos unos equipos de risa, sólo habíamos visto una Fender Stratocaster en fotos.
Lo que me intriga es cómo pasas de esa música juvenil a un sonido más austero, dentro de la tradición de la "chanson".
No hubo un salto. "Ne me quitte pas" entraba en nuestro repertorio. Precisamente, yo recuerdo haberme comprado el primer disco de los Beatles cuando estaba buscando algo de Jacques Brel. Lo único que estaba fuera, en otro mundo, era lo folclórico, Lola Flores y Juanito Valderrama. Que también eran parte de mí, pero había que ocultarlo.
¿Cuáles eran tus fuentes de información?
Las copias en cintas, siempre había un enterado que se traía maravillas de Paris. Había una tienda en la calle Caspe, Foto Dimas, que te reservaba discos de chanson y folk. Me venía muy bien, estaba cerca de Radio Barcelona, donde yo cantaba mucho, ¡nos pagaban por actuar! Luego estaban los viajes a Andorra, que nos parecía otro mundo, las gasolineras tenían colorines y se respiraba algo parecido a la libertad. Íbamos en un seiscientos y el contrabando se pasaba malamente, había mucha mala leche, nos cacheaban buscando los discos y las cintas BASF mientras se sabía que había redes que transportaban televisores y aparatos carísimos con la complicidad de los guardias.
¿Recuerdas tus primeras grabaciones?
En dos pistas, era tremenda la pérdida de calidad, muy artesanal, se utilizaban las tijeras. Todo era primitivo, para tocar en una plaza de toros ibas con un par de columnas de 400 vatios. En un coche subíamos los músicos y el material. Ahora, llevamos 40.000 y siempre hay un hijoputa que grita: "¡Qué no se oye!". Si supiera...
En una de tus películas se te ve en el Festival de la Isla de Wight.
El de 1969. Fuimos a rodar por la patilla, nos colamos hasta el backstage y vimos a Dylan y demás popes anglosajones. Nos impresionó el nivel de civismo: la gente estaba encuerada, fumando como locos, tragándose tripis... pero con buen rollo total. Luego, se falsearon en España las tomas del escenario, todos los amigos -Pau Riba, Sisa, Gato- disfrazados de hippies. Nos cagábamos de risa...
Para entonces ¿Ya habías fumado hierbas maravillosas?
En Barcelona, lo que había era grifa. Desde pequeño, recuerdo que lo fumaban marineros y legionarios. En la Plaza Real se distribuía y consumía. Era muy conspicuo, las semillas estallaban: los petas parecían petardos de verbena. Luego, probé el chocolate. Y donde descubrí la maría fue en América.
¡Dios mío! Te refieres a la mota, la maconha...
Sí, potentísimas variedades de la marihuana, verdaderas bombas atómicas al cerebro.
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Marzo del 70: Serrat ayuda a una vecina a subir las escaleras del Poble Sec. El Noi se ha pasado la
vida subiendo escaleras.
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¿Y el ácido?
En Barcelona debía haber una fábrica o un almacén de distribución, circulaba en secantes, en sellos medicinales, en pastillas verdes, 'los greens'. Un conocido mío estaba en la red y recuerdo que me lo encontré en las Ramblas, estaba colocado, y se le habían caído las cápsulas. Me dio tanta penita que me puse a recogerlas con él hasta que pensé: "¿Qué estás haciendo, desgraciado? Si pasa la policia, te empapelan sin comerlo ni beberlo".
¿Se consumía lúdica o religiosamente?
El ácido creó una cultura considerable. Variaron las relaciones humanas, se modificó la forma de entender la música, todo. Era una secta, pero bastante abierta. Aparte de la voluntad de experimentar con los alucinógenos, estaba el deseo de cambiar el modo de vida, los modelos de familia y pareja. Al fondo, el ideal de una sociedad ácrata y solidaria; de alguna forma, algo parecido a lo que ocurre ahora con el movimiento okupa.
¿Cuando empezaste a vivir solo?
En 1966 todos teníamos unas ganas acojonantes de irnos de casa. Me alquilé un ático por 3.000 pelas en la Plaza de la Catedral. Sólo tenía un catre, una cocinita, un retrete y una mesa de ping-pong que servía para todo menos para jugar. Todavía paso por allí y echo unas lagrimitas. Al poco, compré un piso grande para mis padres y me reservé una habitación: viajaba tanto que cuando volvía me apetecía estar con los míos.
Lo que se contaba entonces de vuestros círculos barceloneses, la "gauche divine" y el "clan Bocaccio", era que, a ver cómo lo digo, que follábais como conejos...
(Carcajada) La verdad es que no me puedo quejar. Reconozco que fue una época eufórica en ese sentido pero había que trabajárselo, no era entrar y que te dieran un número. Debías colocarte en los sitios estratégicos y hablar dos o tres idiomas, al menos las palabras clave. Pero yo no sólo aprendí a follar y a beber, también aprendí a leer y a escuchar a los que tenían algo interesante que contar. El que quiso ampliar conocimiento y sensibilidad, tuvo las oportunidades. Nos movíamos entre gente culturalmente hermosa y gente vacía que seguramente todavía es igual. Yo reivindico a los primeros que siguen batallando con arrugas y poco pelo, con decepciones y arañazos...
¿Qué recuerdas de tu primer viaje a América?
Fue en 1968, después del lío de Eurovisión, estuve seis meses. Me obligaron a poner tierra por medio, estaba vetado, iban grupos de fachas a abuchearme, quemaban mis discos, querían pegarme ¡los fans de Raphael! Precisamente su compositor, Augusto Algueró, me invitó a cantar Penélope en el Festival de Río de Janeiro...
¿Aterrizaste en Río de Janeiro? Tú naciste con una flor en el culo...
¡Imagina! De ser un proscrito a estar en Brasil. Que, a primera vista, parece el paraíso terrenal. Bajé luego a Buenos Aires y...
Argentina en ebullición...
Era la dictadura de Onganía, que, claro, resultó una dictablanda en comparación con la monstruosidad que vino luego. Circulaban todas las opiniones, tertulias hasta las tantas. Hubo huelgas durísimas, apareció el Ejército Revolucionario del Pueblo, el peronismo se armó. Mis canciones entraron en los grandes medios, llegaron tanto al pueblo como a las clases pensantes. Conecté con el exilio republicano. Imagina encontrarte con Sánchez Albornoz, Max Aub, Rocamora, Buñuel,... bellísimas personas que me dieron un máster de cojones en historia y en vida.
¿Qué sentiste cuando uno de tus héroes de juventud, el locutor Raúl Matas, se convirtió en su país en vocero de Pinochet?
Un gran impacto. En Barcelona, había sido uno de mis grandes amigos y me preparó mi primera visita a Chile. Tras el golpe del 73, rompimos y no hubo relación hasta el 90. Vuelvo a Chile y le busco. Llego a su casa y me meto hasta el dormitorio, está en la cama con su mujer y yo me tumbo con ellos. Fue un encuentro muy emocionante, pero... es imposible resucitar a los muertos, no se puede retomar esa relación.
Suele decir Joaquín Sabina que aprendió a amar a América vía vaginal e, incluso, anal ¿También fueron aquellas mujeres una revelación para ti?
Ehhhh... es que yo soy muy partidario de todos los rincones femeninos, son lugares muy agradables y muy agradecidos. Tuve allí, al otro lado del Atlántico, grandes vivencias amorosas. Mmmmm... Sabina es un descarado. Además, entre nosotros, sospecho que habla más de lo que hace. Y yo siempre he pensado que la discreción es indispensable si se quiere follar mucho.
¿Y tu desembarco en Cuba?
Llegué en el 71, con la carne rusa. Había un hambre de cagarse y los rusos mandaron unas latas que abrías y echaban un pestazo de cojones, ¡pero era la carne y los cubanos son carnívoros por encima de todo! Recuerdo estar cenando en el Hotel Riviera y uno de mis músicos metió la pata, protestó por la carne y el camarero se le plantó muy digno y le dijo: "Oiga, joven, en mi casa ni siquiera tenemos esa opción".
¿Qué ambiente se palpaba?
Todavía era la etapa épica. El Che recién muerto y Castro empeñado en la zafra de los diez millones (de toneladas de azúcar). Más que la pobreza o la militancia, me impresionaron las escuelas maravillosas, el cuidado absoluto por la niñez...
¿Sabes que estaba prohibida "Poco antes de que den las diez"?. Se decía que fomentaba la hipocresía entre padres e hijos.
No sólo esa, también "Ciudadano" y otras tuvieron problemas de radiación... a algunos de nosotros nos detuvieron en el Malecón por llevar el pelo largo. La realidad es siempre compleja y Cuba te rompe los esquemas.
Y ahora vas a La Habana, y, si se enteran que tienes algo que ver con la música, desde los taxistas a los altos funcionarios, todos te piden que se ruegue a Serrat que vuelva.
Estuve hace un par de meses, trabajando el reportaje fotográfico, el clip y el documental de Cansiones. No me privé de hacerme una foto con un trío del grandes culos de mulatas, mi homenaje al anuncio aquel de Ducados. Y quiero regresar a tocar, pero no en viaje oficial.
¿Fue en Sudamérica cuando descubiste la coca?
Sí, en Colombia, claro. Había en España gente que recordaba cuando estaba disponible, un señor mayor que trabajaba conmigo -no, no era Don Emilio Santamaria- siempre se descojonaba al verme haciendo petas y me decía: "¡ Chaval, eso es de pobres, la única droga que vale la pena es la cocaína!". Para nosotros, resultaba algo tan exótico como el rapé en la corte de Luis XVI.
No estaba estigmatizada...
Es que entonces éramos unos inconscientes, no teníamos miedo de probar nada. Tardamos años en entender que podía crear dependencia. Por ejemplo, la coca prendió en el negocio de la música en España por la bebida: los borrachines aprendieron que aguantaban más combinándola con coca.
Y el caballo...
No pasó por mi vida ni por la de los míos, aunque conozco amigos con gravísimos problemas, suyos o de sus hijos. Creo que ahora está bajando, otros bicharracos se han puesto de moda.
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| En el 72 Joan Manuel Serrat era un progre de luengas barbas que cantaba a Miguel Hernández
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Ahora los yonquis toman "chinos"...
¿Qué es eso?
Fuman heroina en vez de inyectarse.
Ah... ¿Como el basuco?
Algo así.
Eso es malo, muy malo. Recuerda lo que le pasó a Camarón.
Por cierto esa actuación de Camarón donde canta "La saeta" a tu lado... El gitano parece incómodo con los versos de Don Antonio Machado: "No puedo cantar ni quiero / a ese Jesús del madero"...
No, su problema era que no se sabía la letra. Tuvo que leerla y... bendito sea, le costaba leer.
¿Sería correcto decir que tú eres representativo de una generación que ha evolucionado desde las drogas hacia los placeres de la buena mesa? Leyendo el diario de la gira "El gusto es nuestro", de Victor Manuel, me extraña que no se hable de música ni, por supuesto, de drogas. Pero la comida es una obsesión generalizada con Serrat como capitán de aventuras gastronómicas.
Los grandes placeres del cuerpo son cosas que entran y salen de él. Comer es una experiencia de la mayor sensualidad.
Bueno, es que tú presumes allí de sibaritismo: las espinas de anchoas fritas...
¡No es sibaritismo, es talento culinario! En la raspa de la anchoa se queda una carne muy sabrosa y bien frita, coño, es deliciosa. Como los chicharrones. En Cuba, en la Bodeguita, comer chicharrones y beber mojitos puede ser una experiencia celestial.
Cierto. He oido que estás pensando en crear tu propio vino...
¡Llevo ya tres años! Ya hemos plantado y, vaya, aprovecho mis conocimientos como bebedor y como ingeniero agrónomo.
Menos lobos, que en tu vida civil fuiste sexador de pollos.
Vamos a ver, vamos a ver. Yo vi que ofrecían una beca de 250.000 pesetas para aprender a sexar pollitos y me apunté.
¿Has probado los vinos de Coppola o Depardieu?
No, pero sí los de Lluis Llach, que son espléndidos, seguro que mejor que los que se toman en Hollywood.
Por cierto, no sé si te has enterado de que los padres de Penélope Cruz se han separado...
No jodas, a ver si ahora van a cambiar el nombre a la niña.
¿Qué canción les dedicarías en este amargo trance?
No, no hagamos bromas, esos son tragos muy amargos, aunque sean divorcios amistosos.
¿Has conocido a Penélope?
Sí, es un ser humano encantador, una mujer digna de ser amada y una actriz de la que cualquier compatriota debe enorgullecerse. ¡Una tía cojonuda!
¿Qué es de tus hijos? Venía el nombre de Queco en los créditos de Séptimo...
Bueno, Manuel vive en Madrid y ya me ha hecho abuelo. Ejerce de mezclador de imágenes, pero también podría mezclar sonido, es bueno en lo suyo. Un chaval muy majo.
¿Y las hijas que has tenido con Candela?
Una hace 3º de Farmacia, está muy buena y le ha dado por estudiar, fantástico. La pequeña es cariñosa y toca el violonchelo de puta madre. No me quejo.
¿Tenéis algún conflicto musical?
No, compartimos discos. De repente, la pequeña me roba los CDs de Dire Straits o de James Brown. O me pide que la lleve a ver a Tom Jones. Pero también chocamos, hace poco escuchaba a un grupo americano horroroso que hace una canción de Brel y vi un camino abierto para que entrara en la "chanson" y... no hubo forma. Pero ya llegará. Por ejemplo, si entiende a Dire Straits, Bob Dylan está por llegar.
¿Qué piensa tu gente del nuevo disco 'Cansiones'?
Ha gustado, es simple y sensual. Alguien me dijo incluso que parecían canciones mías. Volviendo a lo que decíamos antes, 'Cansiones' es un acto sano, es vomitar la música que has comido, que te ha alimentado. Y el que no ha sabido nutrirse de música latinoamericana, lo siento, no está espiritualmente completo.