«La vida según Serrat»

TVE - La 2, 1996

Guión y Dirección: Ana Cristina Navarro
Realización: José María Castillo


«El rencor es un mal compañero de camino»



    — JMS: La verdad es que la gente canta poco. Antes la gente cantaba haciendo su trabajo. Incluso hay cantes que nacen del propio trabajo. El flamenco está lleno de ellos: el martinete, la canción popular está llena de canciones de trabajo. La gente cantaba en los andamios colocando ladrillos, las mujeres cantaban haciendo las camas o mientras cocinaban... Yo incluso recuerdo que un vecino mío, el Santiago, el de los bajos, toda la escalera sabíamos cuando iba a cagar porque le escuchábamos cantar por el patio de luces. Decíamos: «Santiago está cantando». Y ahora no. Al menos a mí me lo parece. Escucho cantar menos a la gente y la gente escucha más cantar a otros.

(clip de «Mediterráneo», con imágenes de diversas actuaciones de Serrat interpretando su más famosa canción)

— Ahí están mis recuerdos, mi niñez y el decorado de mi niñez. Ahí he crecido y por tanto ahí me siento muy a gusto. ¿Componer? Uno trabaja siempre más a gusto cerca de las cosas que quiere, pero tampoco necesariamente porque ahora ya puedo llevarme de viaje las latas de berberechos y el aceite de oliva y cuatro cosas más fundamentales para no perder el contacto...

— Ana Cristina Navarro: ¿O sea, que sigues cargando el aceite de oliva?
— Sí. Y los berberechos, y algunas cosas más. Y afortunadamente también me ha ocurrido otra cosa, que es que a lo largo de mi vida yo he descubierto otros lugares en el mundo con los que he establecido relaciones de afecto y en los que me encuentro absolutamente a gusto y sin ningún tipo de añoranzas.

— ¿Escribes entonces en cualquier sitio? ¿No tienes problemas? ¿O siempre buscas el mismo rincón para sentarte a trabajar?
— Hombre, más que buscar el mismo rincón... Si estoy en casa trabajo siempre en el mismo sitio porque tengo cerca lo que necesito. Tengo desde la máquina de escribir, ahora el ordenador...

— ¿Ah, escribes en ordenador?
— Sí, porque es muy "limpito", ¿eh?. Yo soy un absoluto desconocedor de las posibilidades del aparato aquel. Yo uso el ordenador como una máquina de escribir y como un almacén de textos. Porque como mi letra es muy mala. Bueno, no es mala -no tiene culpa-, es fea. Y no la entiendo. Y a mí siempre me ha ido muy bien lo de la máquina de escribir y ahora este otro aparato porque me lo deja todo muy limpito. Y aparte porque me permite jugar con las palabras cambiándolas de sitio y ver el resultado que tienen. Y además... (en voz baja) tiene un solitario que tú juegas a las cartas cuando no te ven los demás. Y un buscaminas. Y unos cuantos juegos que van muy bien. Y así cuando tú escuchas detrás de la puerta: «No, papá está trabajando», y tú estás dándole al siete con el seis. Y eso va muy bien para el desahogo...

— Y papá, en cambio dice que no se puede jugar a los juegos mientras se está estudiando...
— Papá deja a sus hijas jugar a los juegos. No tiene ningún inconveniente. Incluso juega y comparte sus conocimientos con su descendencia.

— ¿Pero, qué pasa?, ¿papá es muy permisivo?
— Papá trata de aprender el difícil oficio de ser padre de la mejor manera posible, cosa que supongo que -como la mayoría de nosotros- no conseguiré, pero quizá cuando sea abuelo, si el tiempo me lo permite, a lo mejor pueda colaborar con mi nieto a defenderse de sus padres.

— Vamos a ver. En tu casa, ¿quién tiene el papel duro, el padre o la madre?
— En mi casa juega con la más fea mi mujer. Como en la mayor parte de las casas de esta tierra. No en vano este país es un matriarcado y como tal tiene que funcionar.

— ¿Y no tienes ningún conflicto con tus hijos?
— Tengo conflictos cotidianos, pero afortunadamente tengo suerte. Son buenos chicos, son responsables.

— ¿Es más fuerte tratar con chicos que con chicas?
— No puede ser mi caso porque me es difícil contestar. Para eso tenía que haber crecido todo el tiempo mi hijo conmigo, cosa que no ha ocurrido. Y no lo sé. No sabría contestarlo.

— Pero tú dirías que las chicas, de todas maneras, te producen una cierta debilidad...
— A mí siempre. (Risas) Pero eso es natural.

— Tus hijas y todas las demás...
— Evidentemente. Todas las demás, incluso mis hijas.

— Hablando de esa debilidad, ¿cómo has hecho para durar tanto tu pareja, a pesar de las distancias, de las ausencias... y de que te gusten tanto las chicas?
— Porque es inteligente, paciente, comprensiva y tiene mucho carácter. Y supongo, que a esto había que añadirle, porque estoy muy enamorado de ella.

(clip de «Te guste o no» con imágenes del día en que se inauguró una placa en la casa donde nació, en la calle del Poeta Cabanyes)

    

— Voz en Off: Joan Manuel Serrat, Juanito para los de su calle, es un animal de costumbres que no perdona el bocadillo de jamón a las once y el repaso a su diario deportivo. Por estudios, es perito agrícola y por profesión, arquitecto de sueños y guardián de lo cotidiano, de aquello que vemos todos los días sin notarlo. Este catalán con un pronto aragonés, cuida con esmero el verso y mira poco el vertido. Un día se atrevió a poner música a los poetas luchadores para furia de los eruditos y regocijo de los de a pie. Y a partir de entonces, unos y otros, enseñaron a sus hijos a cantarlos. Es tímido y socarrón. Para él, las cosas de siempre son tan importantes como las más lúdicas, esto es, la familia, los amores, los que nos crían y a lo que debemos criar. Poeta de barrio, cantautor de los amigos y de los que no los tienen. Éxito comercial de las pequeñas cosas y de la libertad. Empresario de nuevas industrias y campesino en montes difíciles. A veces, mal querido en catalán y siempre profeta en castellano. Su oficio le obliga a pasar muy despierto, y a estar siempre mirando lo que tiene alrededor y a veces le cuesta conciliar el sueño. Es el precio que paga de tanto cavilar sobre la vida.

— ¿Duermes poco?
— No te creas. Duermo lo que mi cuerpo me pide. Lamentablemente hay una sensación de éstas que me ocurrió hace dos o tres días y uno la recuerdo como muy agradable. Aquella sensación de pereza de cuando llegaban los primeros días del invierno y cuando tu madre te sacaba a empujones de la cama para mandarte al colegio. Y aquella sensación de cama tibia, aquella cosa que uno sabía que abandonar aquello era ir al desastre. Pues el otro día volví a tener esta sensación que hacía mucho que no había tenido y agradecí a la naturaleza el habérmela vuelto a proporcionar. Pero en general no, yo me levanto lamentablemente de la cama sin esta sensación. Y me gusta la cama. Es uno de los objetos más útiles en la casa.

— Yo pienso que sí. La vida cotidiana sin la cama sería imposible.
— El que inventó la cama era un hombre que caviló.

— ¿Te da muchas ideas eso?
— ¿La cama? Sí, la cama es muy sugerente, pero yo creo que aparte de sugerente, la cama modifica la historia. La historia de la humanidad pasa absolutamente por la cama.

— Y tú que eres así un poquito "cascarrabias"...
— Eso no es verdad. Soy lo que en Argentina llaman un "calentón". Soy como el hombre del campo, que el que me busca me encuentra, pero nada más.

— ¿Qué es lo que no soportas cuando estás trabajando?
— Cuando estoy trabajando lo que no me soporto es a mí mismo en esos momentos de vacío, de esterilidad, que solamente la puedes vencer a partir de seguir peleándote con ella, de seguir sacándole capas a esta cebolla de la esterilidad sin parar, a ver si al final sale alguna cosa.

— ¿Cuánto puedes tardar en inventarte una canción?
— Soy lento, ¿eh?. Yo soy muy lento. Yo no me invento nada. Y además yo creo que en esto de escribir y contar cosas no inventa nadie nada, ni lo inventores.

— ¿Tú eres de esos a los que la gente le quiere llorar en el hombro un poco, o no te dejas ya?
— No. Lo que pasa es que no ha ido mal históricamente esto del llanto en el hombro. Desde luego yo me sorprendí mucho la primera vez que una persona... Esto ya me ocurrido más veces... Una vez, muy cerca de aquí. Iba por la calle Nueva donde nació mi padre y me sorprendió una mujer que se me abrazó de pronto y me dio un susto... Y me dijo: «¡Ay, cómo le quiero! ¡Lloro tanto con usted!» Esa fue la primera vez que tuve esa sensación extraña. Primero me asusté, luego me reí mucho y luego pensé. Y de alguna manera, cuando a la gente le ocurre esto es porque comparte sensibilidades contigo y porque le es mucho más difícil decir: «Río tanto con usted». Parece como en tantas cosas de la vida, que el llanto hermana más que la risa, siendo mucho más necesario evidentemente la risa que el llanto. Como ocurre que una sociedad es capaz de ser más solidaria, más generosa cuanto más humilde es o cuanto más difícil es su situación. Aquí, cuando en los años cincuenta vivíamos en un piso de 40 metros cuadrados quince elementos de una misma familia, había una relación, una unidad, un compartir, una generosidad que evidentemente esto no ha ocurrido en la medida que cada una de las ramas y de los elementos de esta familia ha ido avanzando y progresando, teniendo unos un futuro más próspero y otros menos próspero, pero en general, mira, pasamos de bañarnos todos en un barreño a abrir un grifo y que saliera agua caliente. Algo de lo que afortunadamente, todavía mantengo el recuerdo.

(algunas imágenes de pasajes de la batalla de Belchite, en la Guerra Civil española)

— De la familia de tu madre, murió mucha gente
— Mataron a mucha gente. Morir es otra cosa. Asesinar es otra bien distinta. En muchas familias asesinaron a gente.

— ¿Murieron en Belchite?
— Sí. Fue un pueblo terriblemente maltratado, porque imagínate, un pueblo que lo toman tres veces unos y dos veces los otros, pues "limpian cinco veces", y cada represión es más brutal que la anterior. Siempre me acordaré de una expresión de mi tío Manolo que un día mientras estábamos podando unos árboles en casa me contaba cuando salió del pueblo. Me decía que la sangre de los que mataban en las cárceles, ya no de los que sacaban a matar, bajaba por la calle. Y que él salió voluntario para el frente. Me dijo así: «Me fui del pueblo como quien va de boda». Aquellas situaciones debieron ser realmente terribles. Sí, me dio dos hermanas. A ellas les quitaron sus padres, pero a mí me dio dos hermanas.

— ¿Y a ti te criaron en esa familia odiando o despreciando al otro bando?
— A mí me criaron no olvidando. Me criaron con la memoria, que es una buena herramienta para poder abrir la puerta del futuro. Yo recomendaría no perder nunca la memoria porque perderla puede llevarnos a todos a repetir los errores del pasado, y de pasados muy recientes. No creo en el odio, no creo en el rencor porque el rencor es un mal compañero de camino y el te hace ver rencores hasta en el café, es mala compañía. Pero creo que también es mala compañía el olvido.

— ¿Quién pudo más en aquella niñez de Serrat? ¿La utopía de un padre anarquista, las ideas de una madre cercana al partido comunista o de izquierdas, me da igual...?
— Al partido socialista. Mi madre se pasó, la pobre, toda la guerra cargada de niños huyendo de aviones que los bombardeaban.

— ¿O pudo más la educación de la parroquia? Porque al fin y al cabo te educaron en la parroquia...
— Te olvidas de otro. Te olvidas de "la calle". Porque hay tres elementos en la educación de un niño, sobre todo en un niño en aquella época en que crecíamos en la calle. Una era la casa. Otra era el colegio, más que la parroquia. En mi caso era un colegio de curas y por tanto muy asimilable en lo que podía ser la parroquia. Y por otro lado, la calle. Ahí cada uno aportaba su granito de arena. Los padres te enseñan por lo que hacen, no por lo que te dicen. Tú aprendes de tus padres como todos nuestros hijos aprenden de nosotros por lo que nos ven hacer y por la coherencia que puede haber entre lo que les decimos y lo que hacemos. De ahí aprenden nuestros hijos. Entonces, yo he tenido muy buenos ejemplos. He tenido unos buenos paisajes donde mirar para crecer de la mejor manera posible. Por otro lado, estaba la escuela. En la primera parte de mi niñez, hasta que voy al Instituto, una escuela de sacerdotes, los Escolapios, donde aprendo una serie de cosas. Donde incluso la generosa fe de los niños, aparte de hacerme hacer bolas de chocolate para que algún negrito del Congo o algún chinito salvara su alma, yo quería ir más allá, yo quería hacerme misionero...

— ¿Querías ser cura?
— Yo quería salvar negritos y chinitos más que otra cosa. Este era el único camino que había entonces, porque lo de las O.N.G.'s todavía no existía. Y también me enseñaron los sacerdotes a participar en los mayores sacrilegios como hacer misas profanas en mi casa. Yo hacía mis misas, me bebía el vino de mi padre, comía el pan...

— ¿Esto con los amigos?
— No, solo. Esto era un acto solitario. Onanismo puro. Era una cosa...

— ¿Y?
— Y todo el mundo jugaba al fútbol. Quitando dos o tres pobres desgraciados que no los quería nadie en el equipo, que todavía hoy deben estar pagando grandes facturas de psiquiatra, en general todos jugábamos al fútbol, fuera plana o empinada nuestra calle, fuera de tierra, de adoquines o fuera asfaltada, pintábamos con tiza o con pedazos de escayola de algún desgraciado que se había roto una pata y en un baldío había dejado la escayola, pues con aquello pintábamos las porterías. Y la pelota, de trapos las primeras. Luego vinieron las de goma. Cuando ya crecimos, incluso de badana, aquellas pelotas que tenían una cinta con bufeta dentro y que cuando rematabas con la cabeza te quedaba marcada una doble "H" en la frente.

(clip de Joan Manuel Serrat y Juanito Valderrama cantando «Pena mora», en el homenaje de éste)

— Yo escuchaba radio desde muy niño. Desde que mi hermano hizo la primera radio de galena y mi hermano tenía entonces diez u once años, o sea, que yo tendría tres o cuatro años. Atábamos una radio de galena a los hierros del somier o a los del balcón y allí escuché yo por primera vez la radio, porque un aparato de radio tardaría cuatro o cinco años más en entrar en mi casa. Yo no diría que oía la radio ni que la escuchaba, yo la radio la espiaba.

— ¿Y cuál era alguna de esas canciones que tarareabas a dúo con tu madre?
— «Cría cuervos», (comienza a cantarla). Cantaba muy bien la Piquer.

— ¿Alguna vez pudiste ver una representación de zarzuela cuando eras niño?
— ¿Zarzuela? Yo no hecho más que ver zarzuela. Seguramente el espectáculo que más he visto es zarzuela. Y he visto mucho teatro, sobre todo mucha revista y mucho musical, porque gran parte de mis vecinos trabajaban en el teatro. Hacían de acomodadores, de iluminadores, de tramoyistas. Y entonces yo me iba con ellos.

— Por eso podías entrar tanto al teatro.
— Claro. Luego ya intimaba con el jefe de "clac" y me colocaba en la "clacla". El jefe de "clac" era un señor normalmente calvo, gordo y con labios babosos, que tenía un manojo de entradas que vendía a precios inferiores -las de cuatro pesetas las vendía a una peseta- y en algunos casos las regalaba. Todos nos sentábamos en uno de los rincones de la general y cuando él decía «¡Aplaudid!», todos teníamos que aplaudir.

— ¿Y con qué soñabas entonces, con trabajar en la radio o en el teatro?
— Mira, con trabajar yo no he soñado nunca. A ser posible, yo pedía a Dios que fuera generoso conmigo y que no... Pero si no había otro remedio, pues hacerlo con algo que me divirtiera. Y la verdad es que mis ilusiones han pasado por muchos caminos. Quizás lo que no he querido ser nunca es actor. Pero en cambio me ha gustado hacer mucho otras cosas en el cine.

— Pero en el cine has hecho de actor...
— Sí, porque no me han dejado hacer otra cosa. Y muy mal, por cierto.

— Sí, regular. Eso te salió...
— Mal. ¿Pa' qué nos vamos a quitar méritos?

(clip de la película «Mi profesora particular»)

— Voz en Off: Para Serrat el fútbol no es el opio del pueblo. Es simplemente una pasión que se puede compartir con tus amigos y con los que se sientan a tu lado. Al periódico "El Mundo Deportivo" le llama "La Biblia" y el Barça es mucho más que un club, al que no deja de acudir religiosamente como si la misa sabatina se tratara. Es un culé que deja de ir al campo si le cambian el sitio o si no está de acuerdo con el presidente. Y al final no tiene más remedio que regresar porque le gusta demasiado ver jugar. Ama a Di Stéfano, a Pelé, a Maradona, y al hombre que le enseñó la erótica del deporte: a Ladislao Kubala. Cuando va por el mundo con su guitarra y sus músicos de toda la vida, cambia el cromo que sea por conocer los resultados de la liga el lunes por la mañana. Y sólo olvida la obsesión futbolera cuando tiene delante un pelotón de ciclistas luchando por conquistar una cumbre. En el fútbol es eso que se llama, un forofo empedernido.

— Me hubiera gustado ser futbolista en un momento determinado. Lo de misionero ya lo he contado.

— Te presentaste a juvenil del Barça y no te recibieron para portero. Y si te hubieran aceptado, ahora serías ex-futbolista.
— Sí, esto lo hablamos con mis amigos que llegaron a jugar en el primer equipo, lo hemos comentado en más de una ocasión. Seguramente ahora, si me hubieran ido bien las cosas, ¿quién sabe? ahora podía ser entrenador del Masnou.

(clip del programa «Serrat y la Trinca»,
en la escena que juega al billar)

— ¿Todavía juegas mucho al billar?
— Juego menos de lo que quisiera por cuestiones de coincidencias de mis horarios con los de la gente con la que quiero jugar, porque yo no juego al billar con cualquiera ni voy a pescar con cualquiera. Yo voy a pescar con mis afectos y juego al billar solo con mis afectos.

— ¿Y cuál es la fascinación o el encanto que tiene el billar, porque esto de hacer una entrevista aquí es un homenaje a tu afición al billar...?
— Y yo lo agradezco profundamente en nombre propio y en el de todos mis amigos billaristas y sobre todo quiero dar las gracias en nombre de todo el "surmage", es decir, en nombre de todos los que hemos crecido en el ambiente sórdido y humeante de las salas de billar.

— Pero yo insisto, ¿qué tiene?, porque yo he visto pueblos perdidos del Caribe donde no hay un médico, no hay un puesto de salud, y sin embargo hay una radio a todo volumen y dos mesas de billar.
— ¿Usted ha visto algo más hermoso que una mesa de billar, un paño verde iluminado, todo lo demás a oscuras, humo alrededor y tres maravillosas bolas de marfil, dos blancas -una con punto- y otra roja? Eso sin tener en cuenta todo el ritual del taco, la tiza, el talco,... y el comentario, el comentario.

— ¿Y eres tan buen jugador de ajedrez como para atreverte a jugar con Kasparov?
— Yo soy un pésimo jugador de ajedrez. Lo que pasa es que me montaron en una partida de éstas, simultánea, y por cierto que Kasparov se enfadó conmigo porque la partida empezó muy tarde, yo no había avisado a casa, se iba haciendo muy tarde y claro, yo sabía que mi familia se estaría preocupando porque no sabía donde yo estaba y aquel hombre iba pasando e iba haciendo una jugada más y no me ganaba. Yo iba aguantando como podía. Por un lado estaba mi orgullo y por otro, la urgencia de irme. Y en una vuelta, le tiré el rey, como diciendo «me entrego», y me miró con una cara de desprecio... Te juro que si me da una oportunidad, vuelvo a levantar el rey y le digo: «da igual, que me riña mi mujer», porque fue realmente vergonzoso.

(imágenes de la presentación del disco homenaje «Serrat, eres único»)

— Yo diría que no estoy infiltrado en toda una generación y que sí formo parte de varias generaciones, que esto quizás es lo que me satisface más. Me siento muy orgulloso del tiempo y de los compañeros con los que me ha tocado tratar de avanzar. Pero me siento mucho más satisfecho de poder comunicarme con los que hay por delante, con los que vienen por detrás y con los que están a cada uno de los lados.

— ¿Eso es lo que significa para ti ese disco de «Serrat, eres único»?
— No, esto es una caricia, esto es una maravillosa caricia que para el que querer y ser querido es tan importante pues le da una bocanada de aire y al mismo tiempo un estímulo muy fuerte.

(imágenes de la entrega del Premio Ondas 1995
a la mejor trayectoria profesional)

— Treinta años de música, cincuenta y tres o así en el carnet de identidad...
— ¡Eh, va!

— ¿Cuántos?
— Hasta ahora, cincuenta y uno. No sé cuándo se va a emitir la entrevista. ¿Vais a tardar año y medio en emitir esto?

— Usted perdone.
— No, si a mí no me importa. Yo estoy encantado de la vida.

— ¿Qué sensación se tiene cuando empiezan a hacerte homenajes a tu edad?
— Una cierta preocupación porque cuando uno reacciona de la lógica alegría que le produce, del orgullo satisfecho y de la vanidad compensada, de todos los pecados y las pequeñas mezquindades que nos adornan a todos, cuando uno reacciona a esto, empieza a preocuparse y a decir: «¿aquí qué pasa?». Lo que puedo aclarar es que evidentemente estoy vivo, en todos los sentidos, que no tengo que yo sepa ninguna enfermedad que obligue al personal a despedirme afectuosamente, ni mucho menos que no pienso incorporarme a los caminos de la docilidad en unos tiempos que yo creo que nos están exigiendo a todos un rigor para enfrentar un futuro tremendamente difícil e insolidario en el cual cada vez los más necesitados están más abandonados y en el cual cada vez la política del "sálvese quien pueda" no solo se practica más sino que se siembra más.

— ¿Los amigos de tu hija mayor cantan tus canciones?
— No lo sé. No me lo ha contado nunca. Y con los amigos de mi hija mayor tengo pocas conversaciones.

— Tu hija mayor, ¿llega a casa antes de las diez?
— Llega a casa antes de las diez siempre que no dice que va a llegar más tarde. Y cuando es así, llega a la hora que dice que va a llegar.

— Y cuando te enteraste que ibas a ser padre por primera vez, ¿te costó asumir lo de ser padre soltero?
— Yo soy un inconsciente. Me puse muy contento.

— ¿Fue una sorpresa?
— (con gesto pícaro) Fue una sorpresa absoluta. Del todo. (risas)

— ¿Siempre has mantenido una relación con tu hijo?
— Con mi hijo siempre he mantenido una relación desde siempre. Es difícil no mantener una relación con el hijo.

— A pesar de no haber vivido con él y con tus hijas sí.
— Yo no conviví con mi hijo entre otras cosas porque yo era un padre soltero, que viajaba, y por tanto lo más razonable era que viviera con su madre, soltera.

— ¿Y aquello del amor libre lo aprendiste en Francia y en francés en los años 60?
— Es que yo lo del amor libre no creo haberlo todavía aprendido. Yo he practicado el amor todo lo que he podido. Libremente, en algunos casos. A empujones, en otros. De la mejor manera que he sabido, en la mayor parte de los casos. Pero el amor nunca ha sido para mí nada libre. El amor siempre ha sido maravilloso, entusiasta, aleccionador, ha tenido gran cantidad de virtudes. Pero la libertad no ha sido nunca algo que suele acompañar al amor.

— ¿Y hubo o no un romance con Marisol?
— Eso forma parte de... Esas cosas un caballero no las cuenta nunca.

— Pero sí nos puedes contar cuando fue
— La Pepa y yo fuimos dos jóvenes que se quisieron mucho y muy francamente, y hace muchísimos años.

— ¿Cuándo fue la primera vez que te enamoraste y de quién?
— Tendría yo cuatro años y fue de una bicicleta.

— Que no era tuya.
— Evidentemente.

— ¿Y pudiste tener después la bicicleta?
— No.

— Voz en Off: Gasta buena parte de sus energía en los negocios y otra no menos importante, en actos de solidaridad. Acaba de pasar los días de Navidad en Sarajevo con parte de su familia y con un espectáculo para los niños. Pero el esfuerzo de los últimos meses Serrar lo ha dedicado a un disco que saldrá en Marzo y que es su visión muy personal de títulos de la «nova cançó» catalana, ese movimiento artístico que ayudó a escribir la historia de dos décadas en Cataluña, ese grupo de hombres y mujeres que han defendido la identidad catalana a golpe de guitarra y canción.

(imágenes de Serrat en el estudio de grabación
mientras canta «Havia de ser així»)

— ¿Y ese disco también significa que cualquier diferencia o discusión o enemistad de Serrat con algunos miembros de la «nova cançó» pertenecen al pasado?
— Yo creo que las relaciones entre la gente que formó, que forma parte -porque sigue, es algo que está vivo-, al ya no ser unas canciones de resistencia, y ser a partir del año 76 unas canciones que se escriben en un ámbito de libertad que se va ampliando cada día, en un ámbito en el que el miedo a contar cosas va cediendo a la pluma libre, la gente sigue viva y sigue funcionando.

— Pero, ¿se acabó lo de no hablarse o no saludarse o no...?
— O no cantar juntos y todas estas cosas... Sí.

(imágenes de Serrat durante sus recitales
en Santiago de Chile en 1990)

— Yo llego a América al final de los 60 y descubro una América en la que se cree en el hombre nuevo, en la que hay un caldo de cultivo político vigoroso, vital y extraordinario, que en muchos casos fue a parar a situaciones realmente terribles. En el momento en que yo llego aquello estaba vivo y era muy difícil incorporarse a América sin enamorarse de ella. Pero para mí fue un amante, una vampiresa absolutamente embaucadora, encantadora, maravillosa, mágica, dulce, generosa, gentil,... en fin, y me enamoré.

— Por cierto, te han llegado a censurar políticamente -también en América-, pero sobre todo te censuraban los "tacos" de tus canciones.
— Sí, eso les molesta mucho. Existen situaciones sumamente pacatas a veces, en lugares en los que no se escandalizan porque haya dos mil muertos sin que se sepa quiénes los han asesinado, como ocurre en un algún país que usted y yo queremos mucho. Y en cambio te pueden censurar cuando apareces en televisión diciendo "culo".

(imágenes de la entrega por parte de Felipe González de la Orden al Mérito Civil por 30 años de Trabajo y Contribución a las relaciones con Latinoamérica)

— Comparten las mismas ideas Felipe González y Serrat en el tratamiento que se da por ejemplo, a los inmigrantes o en la política hacia Latinoamérica?
— Él es Presidente de Gobierno de todos los españoles y debe actuar como un Presidente de Gobierno. Tiene unas responsabilidades que un ciudadano no tiene. Él tiene que aplicar, que gobernar. Yo tengo, independientemente, unos puntos de vista que me gustaría que este gobierno o cualquier otro que haya en España, se replanteara y reflexionara sobre ellos. Respecto a lo que es la Ley de Inmigración nunca me gustó que España actuara como policía de fronteras, como perro guardián y estableciera fosos de cocodrilos para que gente que vienen de otras lados del mundo buscando un sitio donde meter la vida porque no tienen donde meterla en su casa, tuvieran la lógica, solidaria y natural aceptación que debieran tener, que no es otra cosa que lo que los españoles durante siglos hemos pedido al resto del mundo. Lo hemos pedido en América durante los siglos pasados, incluso lo hemos pedido en Europa cuando nuestros hermanos con sus maleticas de cartón o de madera atadas con una cuerda emprendían el viaje del sueño y de la fantasía buscando un sitio donde meter la vida. Y lo hemos tenido también dentro de España con los mismos españoles, cuando ciudadanos de lugares más pobres y más maltratados acudían a otras partes de España buscando un sitio donde meter la vida. Por tanto, a mí se me hace muy difícil entender que aquellos que sabemos muy bien qué es eso, seamos tan injustos y tan insolidarios.

— ¿Te sientes decepcionado o desconcertado con el último proyecto político que habías elegido, o con lo que está pasando en España en este momento?.
— Yo sí, hombre, yo me siento constantemente decepcionado y desconcertado, lo que pasa es que uno no puede vivir ni en el desconcierto ni en la decepción. La decepción está de alguna manera para parar y poner los pies y agarrarte en algo que es el soporte ideológico, porque los hombres no suelen llegar a la altura de las ideologías que plantean, pero no por eso uno no va a renunciar a su ideología.

— ¿Te asusta que gobierne un gobierno conservador en España?
— Yo he vivido gobernando la derecha reaccionaria conservadora, desde el año 43 hasta avanzado el 77. He vivido 33 años años de mi vida. No me asusta nada que pueda elegir el pueblo.

— ¿Y qué piensas de lo que ha pasado en las últimas elecciones catalanas?
— Algo muy curioso. Que para mí creo que todos han perdido y sin embargo todos dicen que han ganado. Y a mí me da la sensación que todos en el fondo de sus corazones piensan que han perdido.

— ¿Y ahora qué tal te llevas con Jordi Pujol?
— Con el señor Jordi Pujol, Presidente de la Generalitat de Cataluña, no tengo una relación personal.

— ¿Y con Dios, qué tal te llevas?
— Tampoco tengo relación personal. La idea mía de Dios pasa a partir de los hombres. El concepto de lo divino pasa siempre a través de todo y de cada uno de los conceptos pequeños, humildes, sencillos de los humanos.

— ¿Serás capaz de contestarme si has llorado por amor?
— Sí.

— ¿Muchas veces?
— Como soy así, muy enamoradizo, probablemente he llorado más por desamor que por amor.

— ¿Con alguna canción en especial?
— No. Las canciones son como válvulas de escape. Las canciones desahogan. Llorar también, pero en las canciones ya has llorado antes, es como un epílogo del llanto. O a veces incluso hasta es una maldita arma arrojadiza con la que pretendes herir a alguien y luego te la descubres clavada en la espalda.

— ¿Eres capaz de contar alguna mezquindad de Serrat?
— Marranadas sí. Pero mezquindades..., no soy partidario de utilizar la televisión como un confesionario público.

— ¿Cuál es esa imagen que no se te borra de la mente?
— (después de unos segundos callado y luego de revolverse inquieto) La cara de mi madre. Pero estoy contentísimo (sonríe francamente)

— ¿Qué es eso que te tiene dicho tu madre? ¿Qué es lo que más recuerdas?
— De mi madre tengo cosas maravillosas. Mi madre era capaz de sintetizar tan bien las cosas... Probablemente de ella yo recordaría algo que creo que ya hemos dicho a lo largo de este programa, que cuando yo era pequeño y luego de todo el lío que yo tenía con lo de España y Cataluña, le pregunté: «madre, ¿ tú de dónde eres?». A ver si aclaraba lo mío. Y mi madre me lo aclaró. Me dijo: «yo soy de donde comen mis hijos». Yo no he encontrado una definición de "patria" mejor en ningún lado.

— ¿Esa ausencia todavía te duele mucho?
— Y espero que me duela durante muchos años porque es un dolor que me hace mucha compañía.


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