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100 años del Barça, 100 opiniones
Suplemento del Diario Sport
23 de Abril de 1999
«Un amor que aumenta durante la represión»
El noi del Poble Sec nunca ha escondido su enorme pasión por el Barça. El
más universal de los cantantes catalanes ha paseado por medio mundo los colores blaugrana. Uno de
los momentos especiales que ha vivido como culé fue cantar en un Camp Nou abarrotado con ocasión de
los festejos del Centenari. Inolvidable.
No tengo conciencia de otra cosa que haber sido culé desde que tengo conocimiento.
El Barça es un sentimiento que se lleva muy adentro. Dicho de esta manera, mucha gente puede pensar que
su equipo y sus colores también despiertan la misma sensación interna, pero la diferencia reside en que en
el caso del Barça estos sentimientos han sido filtrados a lo largo de los años a través de situaciones
terribles en ciertos momentos que han hecho evidente hasta qué punto son coherentes. Este amor que sentimos
por nuestros colores ha aumentado en los momentos de represión y disminuido en épocas de democracia, de
libertad, cuando la gente puede colocar sus opiniones, su corazón, la forma de entender la vida y las circunstancias
en otros ámbitos sociales. Pero es evidente que el Barça ha cruzado a lo largo de su dilatada historia
unas situaciones en las que el sentimiento barcelonista ha reflejado hechos relacionados con el lugar
de dónde es uno, dónde crece, con quién crece y en qué circunstancias quiere hacerse mayor. Un escenario
que, repito y para dicha de todos, no es de este momento.
Aquel romanticismo, aquellas sensaciones de tiempo que hemos dejado atrás,
se han transformado profundamente. Aquí deben añadirse todos los aspectos económicos, el capítulo del
dinero que ahora envuelve el mundo del fútbol. Ahora, cuando el fichaje de un jugador puede representar
el desembolso de diez mil millones de pesetas, operaciones en ocasiones más que turbias que uno no sabe
donde empiezan y donde acaban, hay mucha gente que tira del carro de los sentimientos para esconder sus
porquerías. Es decir, saca las banderas para esconder las carteras.
El Barça nunca ha dejado de estar presente en mi vida cotidiana. Mucha gente
se pregunta el porqué de aquella canción con Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón... que nadie piense
que aquel era el equipo de mi vida. Para mí es sólo una referencia, ya que no llegué a pisar el campo de
Les Corts hasta algunos años después. Nací en 1943 y el Barça ganó las cinco copas en 1951, cuando yo contaba
ocho años. Pero aún llegué a tiempo de ver jugar a los Kubala, Manchón, Basora... es más, ¡yo he jugado con
ellos! He tenido la inmensa suerte de poder disfrutar de ellos compartiendo un campo de fútbol en varias
ocasiones. Hechos como éste me hacen sentir bien, forma parte de las cosas 'guapas' que me han sucedido
en Can Barça.
Mi equipo es una formación no tan ganadora. El equipo de mis sentimientos tuvo
como gran referencia a Johan Cruyff, una maravilla sobre el campo, pero sin desmerecer a Josep Maria Fusté,
que es uno de los mejores futbolistas que he conocido en mi vida, a Pereda y por un conjunto formado por
Reina, Gallego, Migueli, Torres, Olmo..., toda esta 'basca' de aquellos años. Y no pretendía que esto fuera
una lista porque seguro que me olvido de muchos y desde aquí les pido disculpas a todos los que no he citado
y que me han hecho feliz como Asensi, como Marcial, como Rexach, que me han hecho disfrutar en el Barça.
Existe un futbolista que me inspiró una creación especial, divertida y profunda: Kubala,
mi referente infantil con toda la carga emocional que esto conlleva. Él ha sido el jugador que nos gustaba
a todos y que todos apreciábamos, quien más nos ha hecho soñar. En mi caso está absolutamente ligado a la parte
emocional y más tierna de mi vida, cuando los olores, los colores y los paisajes tienen toda la fuerza.
Como barcelonistas contemporáneos, nuestra inmensa fortuna ha sido ver la culminación
del Barça en este equipo que se denominó 'Dream Team' y que nos ha dado las horas de fútbol colectivo más
esplendorosa que he visto a lo largo de mi vida. Yo acudía al estadio con mis hijas pequeñas y cuando presenciaban
aquel espectáculo y disfrutaban de aquel juego sublime y de aquellos goles, les decía: «Hijas mías, fijaros bien
porque esto no lo volveréis a ver hasta dentro de muchos años, si tenéis suerte...».
Ahora, con la celebración del Centenario, al Barça debo seguir agradeciéndole muchas
cosas: una es que me diera la posibilidad de dejarme cantar el himno aquella noche en el Camp Nou. Fue una sensación
de una enorme carga emotiva que sólo pueden entender los miles, miles y miles de aficionados blaugranas que
hubiera dado la vida por estar en mi lugar y que estuvieron conmigo, a mi lado, cantando. Recordaré, lo recordaré
mientras viva, aquellos momentos en que me sentí portavoz de miles de voces que estaban cantando al unísono.
En medio de un escenario inmenso no estaba solo. No sentí la soledad del extremo que corre
la banda, desasistido. Era protagonista como todos los espectadores que me acompañaban... no me podía ni me quería
esconder en un momento tan maravilloso en el centro de aquel estadio, cantando nuestro himno con todo el afecto,
con todo el sentimiento, unidad y solidaridad que este canto representa para todo el mundo.
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