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16 de abril de 1999
«Este es un disco de tripas pa' fuera»
Serrat presenta «Sombras de la China», a partir de hoy, en el teatro Albéniz
ANA MARÍA DÁVILA Barcelona
Próximo, cálido, entrañable. Joan Manuel Serrat es el artista de las distancias cortas por
antonomasia. Alguien a quien no resulta nada difícil ver como el amigo de siempre, el vecino amable
de escalera, el conocido con el que tropiezas en el súper del lado de casa.
Y él lo sabe. Ese es el juego de seducción que lleva ya más de tres décadas practicando.
Hace mucho que dejó de tener 20 años, claro, pero la sonrisa tierna y traviesa la lleva pegada
como una segunda piel. Tan pegada que resulta imposible discernir dónde se establece el límite
entre la persona y el personaje. O quizá, a estas alturas de la carretera, dé lo mismo.
Hoy, con las entradas agotadas desde hace ya días, el cantautor catalán iniciará en el
Teatro Albéniz los conciertos de presentación de su último disco, Sombras de la China. Será una
decena de actuaciones que se prolongarán hasta el próximo 25 de abril y que cierran siete meses
de una gira iniciada el pasado 18 de septiembre en Cáceres.
A Joan Manuel Serrat, que ya ofreció un adelanto de lo que serán estas actuaciones
en el concierto que celebró en Móstoles el pasado septiembre, no le resulta difícil confesar que
volver a Madrid le resulta un hecho gratificante. «Es una ciudad en la que siempre me han recibido
con mucho apoyo y cariño», confiesa el artista, con esa mirada cómplice y ese quiebro en la
voz, que tan bien lo retratan.
Seguro que lo dice de verdad. Catalán y español, europeo y latinoamericano, Serrat
ha sabido conjugar, como pocos, un cierto sentido de la universalidad. «La diferencia idiomática
nunca me ha hecho sentir la diferencia humana. Esta la he sentido en otros aspectos, con gente
que hablaba catalán, castellano, alemán o francés», afirma Serrat, quien tampoco cree que
existan públicos diferentes, sino personas diferentes. «Cada uno viene al teatro con una
ilusión o una predisposición diferente, y esto no creo que se refleje de una manera geográfica,
sino personal».
Sobriedad
Con una puesta en escena de sobriedad espartana, basada únicamente en la proyección de
insinuantes sombras chinas sobre un telón de fondo, Joan Manuel Serrat basa su actuación en los
temas de su nuevo disco, arropándolos por algunas de las canciones más conocidas de su histórico
repertorio, auténtico inventario de la memoria nacional.
«Sombras de la China es un disco muy reciente, y aunque haya disfrutado de una receptividad
grande y rápida, estamos ante un conjunto de canciones muy jóvenes, a las que yo intento proteger
y complementar con otro tipo de temas que colaboren con el ritmo del espectáculo».
Para Serrat, interpretar una noche sí y otra también esas canciones que todo el mundo espera,
no representa ningún esfuerzo particular. «Yo no tengo ninguna bronca con estas canciones;
me llevo muy bien con ellas», confiesa, «y eso me ayuda mucho a poderlas tocar con alegría
y a disfrutar con ellas, lo cual es muy importante para que la gente las perciba no sólo como un
envoltorio de recuerdos, sino también como algo vivo».
En contrapartida, el material nuevo que presenta en el curso de esta gira, su primera grabación
en castellano en cuatro años, tras la publicación de Nadie es perfecto en 1994, no le está
deparando sorpresas inesperadas.
«Cierto es que las canciones acostumbran a tener vida propia, pero las de este disco
no me están causando ninguna sorpresa. Quizá porque es un trabajo que cuando lo finalicé tenía
la sensación de conocer muy bien, y del cual me siento satisfecho por cada una de las 11 canciones».
Once temas que Serrat reconoce no tienen ningún hilo conductor, si bien cree que en él
existe «un lenguaje musical distinto. Un lenguaje que, sin ser rupturista, está apoyado en
unas estructuras mucho más simples; un lenguaje que resulta más sensual, un disco de tripas
p'afuera», concluye.
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